Evolución del telescopio

telescopio refractor del CAAT

Pese a su relevancia histórica, que otorgó origen a la efeméride que da lugar a este reportaje, lo cierto es que la aparición del telescopio en tiempos de Galileo fue para la astronomía como los primeros gateos para el bebé. Quedaba mucho, muchísimo camino que recorrer y muchos más avances que celebrar en el desarrollo del instrumento hasta llegar al año 2009, en que la celebración del año de la Astronomía ha permitido la divulgación de miles de datos históricos y expertos en todo tipo de medios. Vicente Martínez, profesor de astronomía y astrofísica de la Universitat de València, ha notado este cambio en la forma en que la información ha llegado al ciudadano medio. “Ahora por lo menos la gente conoce la importancia de Galileo, pero la verdad es que pocos saben ir más allá”. Martínez se refiere a otros descubrimientos y nombres importantes, como el del inglés Isaac Newton, que construiría en 1668 el primer telescopio reflector.  

“Datos hay muchos, pero para entender bien lo que pudieron suponer los avances de cuatro siglos en la astronomía, hay que recurrir por fuerza a los manuales de historia, porque esta es una ciencia, gracias a Galileo, una ciencia con libros y tratados”. Vicente Martínez, con su faceta de profesor todavía en mente, se acuerda del astrónomo italiano Giorgio Abetti, autor en 1952 de Historia de la Astronomía. Gracias a libros como estos, se puede entender que el primer telescopio reflector de Newton, presentado en Londres en 1672, figura en los tratados históricos por evitar la aberración de colores y por superar la potencia de los ya para entonces vetustos telescopios refractores de Galileo.

Posteriormente a la aportación de Newton muchos dieron pequeños pasos en el perfeccionamiento del telescopio, pero el siguiente gran paso vino precisamente con un gran telescopio. “Fue el más grande de la época, enorme para lo que se había estado trabajando hasta entonces”. Vicente Martínez se refiere con su particular lección de historia astronómica, al Leviatán, construido en 1845 por el también inglés William Parsons. Con sus 1’83 metros de apertura, permitiría descubrir la estructura de muchas galaxias.

“Se produjeron, y aún hoy día se producen muchos avances técnicos que los libros más completos reflejan, pero los que más merecen la pena son los que permiten que el estudio sea funcional, útil, de alguna manera metódico”. Martínez se remonta a 1858, cuando William Lassell crearía al fin un telescopio capaz de mantener un buen seguimiento durante horas. Siguiendo con esta funcionalidad, “sería casi una herejía” olvidarse de lo que se considera el primer observatorio astronómico de relevancia, construido en la Universidad de Chicago en 1879. “El Observatorio Yerkes partió de la iniciativa de George Ellery Hale, pero en él trabajaron muchos grandes astrónomos”. Edwin Hubble o el propio Hale consolidaron un modelo de observatorio que gracias a su potencia y diámetro aportó muchos estudios de gran importancia. Sin embargo, el metro de diámetro que alcanzaba la lente del telescopio se quedó corto frente a los 2’05 metros del gran telescopio reflector Hooker que se instalaría en 1917 en la cima del Observatorio Monte Wilson, en Estados Unidos. Si el Hooker fue el primer telescopio en establecer la teoría de que el Universo se expande, 30 años después el Telescopio Hale sería el primero en medir esa expansión.  

Era de esperar pues que en ese acercamiento constante al Universo los telescopios dieran el salto al espacio, como ocurriría en el año 1990. “Por primera vez se podía ver el Universo sin tener delante el impedimento de la atmósfera terrestre”. Vicente Martínez destaca la importancia del Telescopio Espacial Hubble, que fue lanzado al espacio a bordo del transbordador espacial Discovery, en órbita a 600 kilómetros de la tierra. “Nos ha acercado mucho y de forma muy precisa a planetas como Júpiter, Saturno o al vecino Marte“. Y esto fue posible gracias a la combinación de espejos en un telescopio, que desde el telescopio de espejos múltiples (MMT) en 1979, ha permitido la evolución de la observación del cielo con muchos más avances, multiplicando los diámetros y los paneles para llegar más lejos, si cabe.  

Hoy en día, en este 2009 de celebración, semejante evolución parece culminar (por ahora) en nuestro país, entre las nubes sobre uno de los picos más altos de La Palma de Gran Canaria.  “Se inaugura este mismo año, la verdad es que se tiene muchas esperanzas puestas en él”. Juan Fabregat, director del Observatorio de la Universitat de València, no puede ocultar cierta envidia cuando escucha o lee sobre el GRANTECAN (Gran Telescopio Canarias), el que pasa a ser el telescopio más grande del mundo. Y no es para menos, la historia de la astronomía en estos momentos reposa sobre una cumbre de más de 2.400 metros de altitud, a pocos kilómetros de aquí, al menos comparado con la distancia de los cuerpos celestes que estudia.

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