La carrera espacial

“El hombre siempre ha demostrado una pasión desmedida por lo desconocido o por el reto, la astronomía parte de ahi”, comenta Eduardo Ros, profesor que vive por y para la astronomía, y que ha vivido también de ello en lo más alto, como coordinador científico del Instituto Max Planck de Radioastronomía de Bonn (Alemania), uno de los más importantes del mundo. Él sabe bien que las pasiones humanas acaban por tomarlo todo: “Toda vez Galileo y los sucesivos avances del telescopio acercaron al hombre al espacio mediante la observación, era muy lógico que el siguiente paso fuera tocarlo”. Y con esta base empezó lo que hoy, con cierta distancia, conocemos como la carrera espacial.

“Los libros de historia se limitan a dar una visión muy peliculera de la carrera espacial y de lo que pudo suponer para el avance de la relación entre el hombre y el espacio, pero así pocos se dan cuenta del terrible esfuerzo que supone a nivel técnico”. Pablo Ródenas, Ingeniero Aeronáutico por la Universidad Politécnica de Madrid sabe mucho de estos fundamentos técnicos, pero también es un apasionado desde niño de las grandes fábulas espaciales, encarnadas en los años de la guerra fría por los avances del ser humano en relación al espacio.

Lo que hoy en día se conoce como carrera espacial, empezaría el cuatro de octubre de 1957 con la puesta en órbita del primer satélite, el Sputnik 1, por parte de la Unión Soviética. “Aunque lo que todos recuerdan es el Sputnik 2, con la perrita Laika“, puntualiza Eduardo Ros. “Está claro que a nivel aeronáutico el gran paso fue el lanzamiento de la Vostok I, la primera que permitió que subiera un humano a bordo”. Pablo Ródenas acepta con resignación que pocos recuerden la nave y en cambio todos al astronauta: Yuri Gagarin, el primer astronauta. “Aun no habían pasado ni cuatro años desde el vuelo del Sputnik y un hombre ya estaba viajando por el espacio, la tecnología aeronáutica evolucionaba de forma increíble en muy poco tiempo”.

Progreso humano o aeronáutico a parte, el hecho de que la URSS tomara la delantera en lo que entonces se daba en llamar la “conquista del espacio” provocó una reacción estadounidense lógica, teniendo en cuenta el contexto de enfrentamiento provocado por la guerra fría. Cuatro años después de la llegada al espacio del primer astronauta, soviético, los Estados Unidos lanzaron las misiones Géminis, en 1965, con dos hombres en cada nave. “No era una simple cuestión de superar la cantidad de astronautas, podían controlar la nave por si mismos, a diferencia de los soviéticos”, aclara Pablo Ródenas, siempre recordando los méritos aeronáuticos.

Con estos mimbres comenzaría a acelerar la carrera espacial, en la que Estados Unidos recuperó terreno en la exploración del espacio cuando la agencia espacial norte-americana, la NASA, consiguió llevar a cabo su misión más ambiciosa: conquistar la Luna, el 16 de julio de 1969. Este gran “paso para la humanidad”, Armstrong dixit, también supuso de alguna forma el principio del fin de la carrera espacial. Estados Unidos todavía mandó cinco misiones tripuladas más a la luna, pero tocaron a su fin en 1972. “Los vuelos Apollo eran muy costosos ya que los cohetes que utilizaban, los Saturno V, solo podían usarse una vez”, apunta Ródenas. El Programa Espacial Soviético, tras su derrota en la Luna (aunque también llegaría con posterioridad, pero lo que importaba entonces era quien lo hacía antes), aminoró la marcha en cierto modo, e incluso comenzaría a colaborar con los años con Estados Unidos, aunque todavía se pudo apuntar alguna que otra victoria, como la primera estación espacial en 1971, la primera con orbitación permanente (la MIR en 1986) o el primer satélite en orbitar Marte y hacer un descenso (Mars 2, en 1971).

“A partir de cierto punto supongo que alguien debió darse cuenta de la importancia de progresar juntos y no enfrentados, tanto en astronáutica como en astronomía”, apunta Eduardo Ros, analizando lo que fueron los últimos coletazos de la tan famosa carrera espacial. Ya en la llegada a la Luna se demostró que la carrera espacial no buscaba la expansión territorial, a diferencia de cualquier otra rivalidad conocida entre naciones: EEUU renunció explícitamente al derecho de propiedad de cualquier parte de la Luna. La disolución del Programa Espacial Soviético en 1991 hizo el resto, con la caída de la URSS. Ya no había razones políticas detrás que marcaran el progreso del hombre en el espacio o nacionalizaran un acontecimiento global tan importante como el de la llegada del hombre a la Luna. 

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