El observatorio astronómico

“Por Tutatis, ¡el cielo se cae sobre nuestras cabezas!”. Más de uno recordará esta célebre frase de los tebeos de “Astérix y Obélix” que representaba en clave cómica el miedo y el misticismo que han envuelto siempre, desde remotas civilizaciones (en este caso los druidas), la observación del cielo, del espacio, de las estrellas…

Como todo el mundo sabe, la observación astronómica tiene unos antecedentes lejanos. En América, durante la época precolombina, los mayas fueron grandes observadores del espacio e incluso llegaron a desarrollar estudios astronómicos. De hecho, los mayas crearon su propio calendario solar y conocían la periodicidad de los eclipses, los cuáles eran vistos cómo manifestaciones del poder de sus dioses. Sin ir más lejos, de la conjunción” civilizaciónes antiguas” y observación espacial, este año nuestro director más internacional, Alejandro Amenabar, relatará en “Ágora la historia de Hipatia de Alejandría (355/70-415/16), la primera mujer astrónoma y matemática de la Historia.

Pero, con el actual avance de la tecnología ¿cómo se produce la observación espacial hoy en día?. Un observatorio astronómico es un emplazamiento destinado al estudio de los astros y del cielo en general. Son muchos y variados los observatorios que se encuentran repartidos por la Tierra, utilizados por la astrofísica para la observación de fenómenos astronómicos.

Aras de los Olmos

Históricamente los observatorios constaban de primigenios utensilios como herramientas o piedras alineadas para la observación de ciertos fenómenos astronómicos, como es el caso de Stonehenge. Por el contrario, los modernos observatorios astronómicos contienen enormes telescopios (con espejos de varios metros de diámetro), la mayoría de ellos computarizados para el procesamiento de los datos obtenidos y su control remoto.

Los “Resorts” de la observación astronómica

Hay muchos ejemplos destacables de este tipo de observatorios, auténticos paraísos astronómicos que hacen las delicias de los estudiosos de la materia. Sin duda, uno de los más exóticos se encuentra en Mauna Kea (Montaña Blanca en idioma nativo), un volcán apagado en la isla de Hawai que alcanza los 4.205 metros sobre el nivel del mar, lo que la convierte en la montaña insular más alta del mundo, y dónde se encuentran 13 telescopios en funcionamiento. Nueve de ellos se dedican a astronomía óptica e infrarroja, tres a astronomía submilimétrica y uno a radioastronomía.

Otro importante ejemplo y uno de los centros españoles imprescindibles para la comunidad científica en el campo de la astronomía es, sin duda, el Observatorio del Roque de los Muchachos del IAC, en la isla canaria de La Palma . Está ubicado por encima del “mar de nubes”, a 2.400 metros sobre el nivel del mar, donde, gracias a los Vientos Alisios, la atmósfera es estable y muy transparente. Pero la cosa no queda sólo aquí.

Más lejos, en el desierto de Atacama, al norte de Chile, se encuentra otro gran “resort” de la observación astronómica, el Observatorio Paranal sobre el cerro Paranal, una montaña de 2.635 metros. Allí se encuentra el proyecto VLT (Very Large Telescope – Telescopio Muy Grande), un sistema de cuatro telescopios ópticos con espejo de 8,2 metros separados, rodeados por varios instrumentos menores.

A comienzos de la década de los 40, se empezaron a construir radiotelescopios para detectar y estudiar radiofuentes en el Universo. El mayor centro de Radiotelescopios está en Chajnantor,  también en Chile, mientras que el mayor radiotelescopio del mundo se encuentra en Puerto Rico, se trata del Radiotelescopio de Arecibo. Tiene un diámetro de 305 metros, y su superficie está formada por unos 40.000 paneles de aluminio perforado, suspendidos sobre el suelo mediante una red de cables de acero. La radioastronomía es una de las ramas imprescindibles de la observación astronómica, que requiere de antenas de grandes dimensiones (o de una gran cantidad de ellas) para captar una buena señal electromagnética en la exploración del espectro espacial, para llegar a ver lo que los astrónomos ópticos no ven. Eduardo Ros, experto radioastrónomo que trabajó en el Instituto Max Planck de Alemania, conoce perfectamente los métodos de trabajo de un radiostrónomo, por su experiencia en Alemania y en la Universitat de València:

 

En un futuro, se contará entre estos grandes observatorios los de ALMA (Atacama Large Millimeter Array), en Chile, que lleva camino de convertirse en uno de los países que más observación astronómica produce. Dicho observatorio se prevé que esté en funcionamiento en 2010 e incluirá el radiotelescopio más potente del mundo con sus 111m de envergadura. También la cada vez más avanzada China (tecnológicamente hablando) estudia construir uno de los telescopios más grande del mundo en la región suroccidental del Tíbet, con un espejo de 100 metros de diámetro. Casi nada.

Además, con los últimos adelantos científicos ha sido posible enviar telescopios e instrumentos de observación celeste fuera del planeta Tierra, como es el caso del famoso Telescopio Espacial Hubble, un telescopio robótico, de 11 toneladas con un espejo principal de 2’4 m, localizado fuera de la atmósfera, en una órbita circular alrededor de la Tierra a 593 km sobre el nivel del mar. Con una situación estratégica, al evitar la turbulencia atmosférica, puede captar la radiación electromagnética en todas sus longitudes de onda. Gracias a él se han recogido ya más de 500.000 fotografías de alta calidad.

En España son varios los centros de observación que combinan investigación espacial y formación de nuevos astrónomos. Entre los más conocidos y activos nos encontramos con el Observatorio Astronómico Nacional, el Observatorio astronómico de La Sagra (Granada), el Observatorio Astronómico de San Fernando (Cádiz) o el Observatorio Astronómico de Cáceres. En Valencia, tenemos también uno de los más importantes centros dedicados a la observación astronómica, en la Universitat de València, sin tampoco olvidar el Centro Autonómico del Alto Túria, que desde el término municipal de Aras de los Olmos se ha convertido en el observatorio astronómico más importante de la Comunidad Valenciana, y en uno de los más avanzados tecnológicamente de España.

Estamos ultimando los procedimientos para que el telescopio Trobar sea robótico. Robótico en el sentido de que observe él solo, sin asistencia humana, que sea el propio sistema el que tome las decisiones de si se abre o no la cúpula, en contacto con la estación metereológica para ver si el tiempo lo permite, y después hacer unas pruebas y el  propio telescopio elegir el programa de observación que hace cada noche, en base a los criterios que tendrá el sistema” nos comenta Juan Fabregat, director del Observatorio de la Universitat de València, quien conoce mejor que nadie la diferencia entre el nivel de observación que pueden ofrecer centros como los de la Comunitat, y los enormes aparatos que pueden encontrarse en los grandes observatorios citados a nivel mundial. Actualmente, en la escala de grandes observatorios, el de Aras de los Olmos ocuparía un honroso segundo nivel a falta de que sus instalaciones estén completamente operativas.

 

Volver a INICIO

Volver a Mirando al cielo: la observación astronómica


Una respuesta to “El observatorio astronómico”

  1. […] entre otros muchos, de llegar algún día a Marte. Por otra parte, el desarrollo tecnológico de potentes observatorios  nos permite observar el espacio a distancias mucho mayores de las que somos capaces de imaginar, […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: